¡BIENVENIDOS A BARCELONA!

Catalunya es un país europeo situado en el Mediterráneo occidental. De historia milenaria, símbolos y tradiciones que recogen la herencia de las culturas y pueblos que en esta tierra han dejado su huella, y cuya Costa Brava y Cadaqués han inspirado a artistas como Salvador Dalí, hijo de un notario y masón ampurdanés.

Catalunya es también tierra de lugares sagrados, como la montaña y el monasterio de Montserrat, donde la música del masón Josep Rodoreda pone canto a un poema de Verdaguer en la voz de la escolanía bajo la mirada mística de su virgen negra.

Y también el monasterio de Poblet, hogar del Císter, panteón de reyes y donde también halló sepultura el inglés duque de Wharton, introductor de la masonería en el estado español a principios del siglo dieciocho.

Barcelona, la que en 1992 asombró al mundo con sus Juegos Olímpicos, es la capital de Catalunya, y también la ciudad en la que Gaudí desplegó todo su genio arquitectónico y cuyo espíritu sigue vivo en los trabajos de sus grandes obras, El Park Güell y la Sagrada Família, heredera de las catedrales góticas y la masonería operativa.

Una de las señas de identidad de Barcelona es su Ensanche. Una trama urbana en forma de cuadrícula diseñada a mediados del siglo XIX por el ingeniero y masón Ildefons Cerdà. Mediante un trazado racionalista y geométricamente regular que recuerda el pavimento de una logia masónica, Cerdà adelantó soluciones a los problemas de las grandes ciudades que aún son vigentes siglo y medio después.

Además del Ensanche de Cerdà, Barcelona conserva en sus edificios y monumentos otros vestigios del paso de la masonería. Así, en la catedral todavía son visibles los símbolos gremiales de los masones operativos.

Compases, escuadras, triángulos, estrellas de cinco puntas y signos secretos decoran fachadas, bibliotecas, tumbas en los cementerios y coronan estatuas emblemáticas de la ciudad.

Incluso hay teorías que relacionan los colores del Barça, uno de los clubs de fútbol más grandes del mundo, con la masonería, por su coincidencia con los utilizados en el alto grado masónico del Royal Arch.

Y es que desde la época de Napoleón, Barcelona ha sido la puerta de entrada de la masonería al resto del estado. Y tras la dictadura de 40 años del general Franco, la masonería se reconstruyó desde Barcelona, donde desde 1989 tiene su sede el Gran Orient de Catalunya. Sus 17 logias se reparten por todo el territorio lingüístico catalán, aunque también en Córcega y Estocolmo.

Barcelona ha sido desde siempre una ciudad de acogida. También para la masonería. Por eso se complacerá en acoger en mayo del 2018 a todos los hermanos del CLIPSAS con un gran abrazo fraternal.

Catalunya es un país europeo situado en el Mediterráneo occidental. De historia milenaria, símbolos y tradiciones que recogen la herencia de las culturas y pueblos que en esta tierra han dejado su huella, y cuya Costa Brava y Cadaqués han inspirado a artistas como Salvador Dalí, hijo de un notario y masón ampurdanés.

Catalunya es también tierra de lugares sagrados, como la montaña y el monasterio de Montserrat, donde la música del masón Josep Rodoreda pone canto a un poema de Verdaguer en la voz de la escolanía bajo la mirada mística de su virgen negra.

Y también el monasterio de Poblet, hogar del Císter, panteón de reyes y donde también halló sepultura el inglés duque de Wharton, introductor de la masonería en el estado español a principios del siglo dieciocho.

Barcelona, la que en 1992 asombró al mundo con sus Juegos Olímpicos, es la capital de Catalunya, y también la ciudad en la que Gaudí desplegó todo su genio arquitectónico y cuyo espíritu sigue vivo en los trabajos de sus grandes obras, El Park Güell y la Sagrada Família, heredera de las catedrales góticas y la masonería operativa.

Una de las señas de identidad de Barcelona es su Ensanche. Una trama urbana en forma de cuadrícula diseñada a mediados del siglo XIX por el ingeniero y masón Ildefons Cerdà. Mediante un trazado racionalista y geométricamente regular que recuerda el pavimento de una logia masónica, Cerdà adelantó soluciones a los problemas de las grandes ciudades que aún son vigentes siglo y medio después.

Además del Ensanche de Cerdà, Barcelona conserva en sus edificios y monumentos otros vestigios del paso de la masonería. Así, en la catedral todavía son visibles los símbolos gremiales de los masones operativos.

Compases, escuadras, triángulos, estrellas de cinco puntas y signos secretos decoran fachadas, bibliotecas, tumbas en los cementerios y coronan estatuas emblemáticas de la ciudad.

Incluso hay teorías que relacionan los colores del Barça, uno de los clubs de fútbol más grandes del mundo, con la masonería, por su coincidencia con los utilizados en el alto grado masónico del Royal Arch.

Y es que desde la época de Napoleón, Barcelona ha sido la puerta de entrada de la masonería al resto del estado. Y tras la dictadura de 40 años del general Franco, la masonería se reconstruyó desde Barcelona, donde desde 1989 tiene su sede el Gran Orient de Catalunya. Sus 17 logias se reparten por todo el territorio lingüístico catalán, aunque también en Córcega y Estocolmo.

Barcelona ha sido desde siempre una ciudad de acogida. También para la masonería. Por eso se complacerá en acoger en mayo del 2018 a todos los hermanos del CLIPSAS con un gran abrazo fraternal.